Es que cansa que tu orgullo no te pueda, y tener que soportar las ganas de irte, pero no hacer nada. NADA.
Ahí quieta, callada.
Sigue desahogándote conmigo, es decir, grítame como si no tuviera sentimientos. Como si lo que dices no me llegara. Como si fuera una almohada inerte que soporta tus gemidos ahora ahogados.
No te puedes ni imaginar la forma en que cansa que el grado de importancia de una persona influya en tus putas ganas de levantarte e irte.
Pero no me voy, me quedo ahí, quieta, callada.
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